domingo, 11 de noviembre de 2012

Nuestro crimen es ser hombres y querer conocer...

Cuanto más tiempo paso estudiando psicología, más me doy cuenta de que no entiendo a las personas. Es curioso: Un día pueden decirte "hola" o "te quiero" y mil palabras hermosas dignas del mejor de los sueños y al día siguiente, deleitarte con un cruel y despiadado "adiós".

No tiene sentido; es toda una contradicción que día tras día me llena los pensamientos y hace que me explote la cabeza (algún día creo que será literal). No comprendo nada: ni la ira, ni el amor, ni el poder ni el miedo. A veces me pregunto si seré humana; si esto es una broma macabra del destino (como la de Sabina) o simplemente una carencia de determinadas experiencias vitales.

Sea como sea, estudiar psicología no me libra de la aventura de entender a los demás, y mucho menos de la de entenderme a mí misma... Y eso me encanta.

Haciendo un paréntesis que no tiene nada que ver, creo que haré un símil sobre eso que llaman amor... 

El amor es como esa taza de café que pides en un día de invierno. Puedes pedir café por muchas razones: para espabilarte, para despertarte o porque todos tus amigos lo han pedido y tú no vas a ser menos... Pero el café de esa tarde de invierno que pides para llevar mientras paseas solo, no es el mismo café. No huele, ni sabe ni tiene el mismo calor. Lo tocas solo con las manos y aun así notas como el calor recorre tu cuerpo. Te enfundas en tu gorro y en tu bufanda y sales al puerto de la ciudad, buscas un banco con buenas vistas y te sientas. Y ahí estás. Disfrutando despacio de ese café y perdiendo tu mirada en el cielo estrellado mientras te bañas en el mar de olores, sabores y texturas de cada pequeño sorbo... Ninguno sabe igual que el primero ni sabrán igual que el último. No piensas: no hay mañana, no hay ayer; sólo ese pequeño momento para ti, para estar tranquilo con la mente en calma y sentirte bien. Disfrutas del momento, bebes ese café porque quieres y pones todo tu "yo" en ello, lo que hace que cada segundo merezca la pena...

Piensa en ello... Mientras tanto, yo estaré cerrando el agujero negro supermasivo de mi mente y cortando mi diarrea emocional... 

Un saludo y buena semana,


El Kibapollito.

PD: os dejo este vídeo de uno de los artistas del rap en España: El Chojin. En el reflexiona sobre algo que me parece muy interesante y que me apetece compartir con vosotros...

domingo, 28 de octubre de 2012

Por fin: ya no estoy gorda


Últimamente, algunas personas me preguntan: ¿Cómo lo haces? ¿Cómo eres capaz de mantenerte en esa dieta durante tanto tiempo?

“Ha pasado un año y varios días y aquí sigo, luchando contra algo que me persigue desde que tengo consciencia: los kilos”.

Cuando la comida se convierte en el peor enemigo de una persona y algo que era tan sabroso puede a veces convertirse en algo letal te das cuenta de que algo falla. Yo no fui capaz de aceptar esos cambios en mi cuerpo por culpa de una comida sabrosa e insana y decidí cambiar. Aquellos 95 kilos no le sentaban bien a mi cuerpo ni a mi estado de ánimo, era el momento de tomar las riendas.

Y ahí empezó todo: endocrino, dieta estricta, objetivos realistas (decidí ir de 5 en 5 kilos), deporte, una cuenta en un foro donde compartir mi experiencia con otras personas en mi misma situación y al chollo. Al principio es lo peor: decir que no a tantas cosas ricas, babear delante de los platos de tus amigos, intentar no comer las cosas dulces de la nevera (que la familia mucho apoya, pero luego…), envidiar a las personas con un metabolismo diferente (que comen, comen y no engordan)… Pero hay que seguir (el que la sigue, la consigue ¿no?).

Pasaban los meses y la dieta era de tan pocas calorías que en poco más de 2 meses ¡conseguí adelgazar 15 kilos! Era increíble, no daba crédito. El endocrino estaba tan alucinado que mi motivación aumentó hasta niveles estelares. 85 kilos significaban nueva ropa y un pequeño paso hacia una nueva vida. Pasaba el tiempo y mi dieta seguí siendo estricta, no me permití muchos lujos hasta que llegué a ver el 7 en mi báscula. 

A partir de ahí comenzó mi travesía a lo largo de los maravillosos postres con poca grasa y pocas calorías, algo maravilloso (y en el fondo no saben tan mal). Sin darme cuenta había aprendido a comer sano: las cosas a la plancha saben bien, son sanas y tienen poca grasa (¡ñam!) y me sientan mucho mejor que los fritos. Recuerdo la primera vez que comí algo un poco grasoso y fuera de las indicaciones de mi dieta ¡madre mía, me sentó fatal! Mi organismo no estaba acostumbrado a digerir aquella cantidad ingente de grasa, después de comer tan bien y tan sano. Mis rodillas dejaron de dolerme, me sentía más ligera… como si pudiera correr todo el día y toda la noche y saltar sin miedo a dejarme las patas en el intento.

Seguí adelgazando y superando mis metas. Cuando llegué a los 80 kilos fue un momento importante. Había conseguido un objetivo y quería darme un premio: ¡Me corte el pelo! Puede parecer una estupidez pero era algo que echaba de menos y cuando engorde me lo dejé crecer para que mi cara no pareciera muy redonda y gorda. Lloré aquel día: volvía a ser yo con mi pelo corto, mi flequillo y unas ganas renovadas de seguir adelante y de cambiar mi vida hasta extremos de los que yo no era consciente.

Seguía y seguía. La regla me jugaba malas pasadas con los cambios de humor y la ansiedad, pero había estado tantos meses a dieta estricta que comer bien se convirtió en un hábito y dejó de ser un sacrificio para ser VOLUNTAD en estado puro: el “NO PUEDO” se convirtió en “NO QUIERO”. En ese momento algo en mi interior me decía que el éxito estaba asegurado. Todo aquel esfuerzo valdría la pena.

No hay truco, no hay magia, no es un espectáculo de David Copperfield. Esto es una cuestión de esfuerzo, de hábito, de mentalizarse, de aprender a comer sano y también de sacrificio. Pero el que de verdad lo quiere, lo conseguirá pase lo que pase. No te detengas si empezaste el camino, no abandones.

Por desgracia una persona no podrá decir que está a dieta momentáneamente. La dieta es un estilo de vida y de alguna forma lo que más te acompañará será en mantenimiento. Pero ánimo.

Este es el testimonio de una persona que a día de hoy, año y tres meses después de tomar la decisión que cambiaría su vida, ha perdido casi 35 kilos para no volver a recuperarlos jamás.

Ánimo. Se puede.

Un saludo.

El Kibapollito.

martes, 25 de septiembre de 2012

Cuando los sentimientos se vuelven palabras

Las cosas malas llegan, no podemos evitarlo. Nos sentimos mal, nos odiamos; estamos cansados y desolados, vacíos, solos, abandonados... Nos sumimos en la apatía y en el pesimismo. Y si te dijera que es posible cambiar eso. Y si te dijera que esas situaciones son capaces de ayudarte a llegar más lejos que nunca. 

Tomamos las cosas malas por el lado malo, como es normal. Pero aunque no lo creas tienen un lado bueno. Pasan por algo. Tienes dos opciones: o llorar y sentarte esperando a que todo vaya mejor o reflexionar, apoyarte en ese fallo para llegar más alto y cambiar. Todo empieza por uno mismo. Nadie puede abrirte los ojos, nadie va a decirte como debes pensar, nadie va a decirte como puedes cambiar algo porque el único que lo sabe eres tú. La respuesta esta en ti, tú sabes que es lo mejor; sabes cual es la verdad, TU verdad y esa es la única válida para ti. 

Las cosas no son fáciles. Nadie dijo que fueran a serlo. Pero precisamente eso es lo que nos ayuda a mejorar cada día, a curtirse, a pelear aunque la batalla esté perdida, a seguir pase lo que pase y a aprender de nuestros errores y a caer con estilo, incluso. 

No te rindas. Si perseveras lograrás todo lo que te propongas. Pon toda tu fuerza y energía en lo que hagas; haz lo que hagas por la pasión que sientes al hacerlo y no por el resultado. Disfruta del camino hasta que llegues a tu destino. Disfruta de lo bueno y de lo malo. Cambia, déjate llevar. Equivócate, llora, ríe, ama, cae, levántate, celebra la vida y todo lo que te trae. Fluye con ella y con todo lo que te rodea. SÉ POSITIVO. Tu actitud y tu amor propio te llevarán a donde sueñes. 


ESTE ES UN MENSAJE PARA TODOS AQUELLOS QUE A PESAR DE TODO SIGUE ADELANTE Y PARA LOS QUE, AUN ESTANDO MAL, SONRÍEN Y SUEÑAN, PORQUE GRACIAS A ELLOS EL MUNDO ES UN POCO MEJOR CADA DÍA. NO CUESTA NADA SOÑAR ¿A QUÉ ESPERAS?


 

domingo, 5 de agosto de 2012

Experiencia VS Madurez

Hola a todos de nuevo. Otro mes, otra actualización; volvemos con la madurez otra vez. (En verdad este texto ya lo había escrito el año pasado en un momento de enfado...creo que ahora es un buen momento para publicarlo)

Últimamente tengo la sensación de que las personas hablan mucho de experiencia como si significara lo mismo que madurez pero es posible que esta idea no sea del todo correcta.

Me explico: la madurez y la experiencia no siempre van de la mano. La madurez se consigue aprendiendo de la experiencia; pero si no aprendes de ella, no puedes pretender madurar por ciencia infusa. Si no aprendes, simplemente será un suceso que haya pasado en tu vida del cual has podido dejar escapar una importante moraleja.

Pongamos un ejemplo: Una madre le dice a su hijo que no se dé un cabezazo contra la pared porque se hará daño. El niño en su infinita cabezonería, irá directo a la pared sin pensarlo dos veces y ¡Bum! Y luego vienen los lloros. Lo ideal sería que después de esto, el niño hiciera una asociación tan simple como la siguiente:

"Si me doy un cabezazo contra la pared me va a doler. Si no me lo doy, no me duele."

A veces puede pasar que el niño sea lo suficientemente terco y se siga dando golpes contra la pared. Las personas a veces cometemos errores y cuando no aprendemos de ellos, los seguimos repitiendo (nos tropezamos una y otra vez con la misma piedra ¿no?). Hasta que no creemos una asociación similar a la del ejemplo, no estaremos aprendiendo absolutamente nada de nuestra experiencia, por lo que no estaremos madurando.

Por lo tanto, tener experiencia no implica ser maduro.

"La experiencia no es cuanto se vive sino todo el bien que se aprende."

Jairo Fowbier Pabón

lunes, 16 de julio de 2012

"La vida no se trata de esperar a que pase la tormenta, se trata de aprender a bailar bajo la lluvia"

Hola a todos como otro mes más. Hoy escribo desde otro sitio diferente al habitual (mi habitación); escribo desde la biblioteca más próxima a mi casa. La razón de ello es que tengo que estudiar este verano y por ello debo trasladarme a otro sitio más adecuado para el estudio, aunque me permito un pequeño descanso para escribiros sobre mis pensamientos.

Aunque no nos queramos dar cuenta, casi siempre y casi para todo necesitamos la aprobación y el apoyo de alguien importante para nosotros. Es complicado cuando quieres hacer algo y te sientes solo. Te vuelves un loco, un rarito, un rebelde por hacer algo que nadie aprueba. Sueñas con hacer grandes cosas que te llenan el alma, pero por no recibir la comprensión esperada del resto de personas, acabas por pensar que son estupideces y las dejas de lado.

Pero lo peor es cuando a veces no tenemos ni el apoyo de nosotros mismos. Ya sabéis que al igual que podemos ser nuestro mejor amigo, también somos nuestro peor enemigo al mismo tiempo y nuestra mente, emociones y pensamientos nos traicionan, influidos todos por lo que piensan las personas que son importantes para nosotros.

Y sucumbimos: "no soy capaz de hacerlo" o "mis amigos me dicen que estoy loca" o "es una tontería". Así nos derrotan y nos derrotamos a nosotros mismos a la par.

Pero ¿y si hacemos algo? ¿Y si pensamos en lo que queremos, en nuestra felicidad? ¿Y si dejamos de ser ovejitas y de balar y empezamos a rugir un poco y a ser tigres?

Cuando alguien siente que debe hacer algo, debe de hacerlo. Posiblemente muchos pensarán que estás loco, otros no te apoyarán y otros se reirán de ti o te gritarán pero maldita sea, hay que ser un poco más valiente ¿no?

A veces a mí me pasa lo mismo, me siento sola pero intento pensar que a veces las cosas no son de color de rosa. Que hagamos algo que nos guste no significa que por ello no haya momentos malos. A veces las cosas se tornan más duras de lo que uno cree por el camino, pero ya lo dice bien claro el título y os lo digo yo con una frase de mi propia cosecha: A veces, para encontrar oro, primero debes ensuciarte las manos.

Ahí lo dejo. Espero que os haya gustado y que no dejéis de leerme.

Un saludo y buena semana.

El Kibapollito

PD: aquí dejo una canción que a mi me motiva mucho. Disfrutadla.